¿Cuántas veces hemos visto una película o leído un libro y nos hemos quedado con mal sabor de boca porque el final es un bodrio o cualquier otro motivo? Demasiadas. En Operación Polvorón no queremos que esto vuelva a pasar, por lo que seréis vosotros los que decidiréis lo que irá ocurriendo en nuestra novela. El mecanismo es fácil: cada poco tiempo se añadirá un capítulo al final del cual se os harán unas cuantas preguntas. Con vuestras respuestas iremos escribiendo el siguiente. Podéis hacernos llegar vuestras preferencias dejando un comentario o enviando un e-mail a la dirección mmmagnummm@hotmail.com.


- INTRODUCCIÓN

El día en que lo iban a matar, Héctor Cambrón se levantó a las 8.30 de la mañana para tomar el bus que le llevaría a Madrid. Habían sido unas buenas vacaciones de navidad para él, pasando tiempo con su familia y amigos de toda la vida, pero tocaba regresar a la ciudad en la que estudiaba. Se despidió rápidamente de sus padres y se marchó. Obviamente, no tenía ni idea de que sería la última vez que los vería.

Tras llegar a la estación de autobuses de A Coruña tuvo que echer una carrera para cazar al bus, que a punto estaba de arrancar camino a la capital. Quizá, si hubiese tardado unos segundos más, aún seguiría vivo. En el bus, además del grueso conductor del mismo, sólo viajaba una entrañable anciana, que no tardó en endosarle su carrete a Héctor. Él, un joven bien educado, le respondía a todo con una sonrisa en la boca. El viaje fue bastante plácido teniendo en cuenta que Héctor, de más de un metro noventa de estatura, cabía a duras penas en su asiento. La fecha y hora del trayecto hizo que prácticamente no se fueran subiendo pasajeros, por lo que disponía de espacio de sobra. Once había contado Héctor antes de quedarse dormido entre el traqueteo del viejo bus y la parrafada de la señora. Al llegar a La Bañeza el autobús se detuvo a repostar y todos se bajaron. Todos excepto él, que estaba inmerso en un sueño tan profundo que ni se enteró del parón.

Al arrivar a Madrid y ver que seguía dormido, el conductor fue a avisarlo de que habían llegado a su destino. "Qué sueño más profundo", pensó al no ser capaz de despertarlo. Al poco se dio cuenta de que no estaba dormido, sino muerto.

- CAPÍTULO 1

- CAPÍTULO 2