No sé si soy especialmente mitómano. Probablemente cuando me conozcáis mejor podréis responder con mayor conocimiento de causa a esta pregunta. Pero lo cierto es que, por lo menos un poco, sí lo soy. Desde mi más estúpida infancia siempre he tendido a idolatrar a ciertos personajes, reales o de ficción. Cuando todos los niños decían "yo de mayor quiero ser futbolista" yo ya sorprendía con mi "yo quiero ser fulanito". No como él, sino él. Cada muy poco tiempo su identidad cambiaba por una totalmente distinta, lo que da una muestra clara de lo inestable de mi psique. El otro día alcancé el cénit de mis aspiraciones y descubrí definitivamente quién quería ser. Pero vayamos paso a paso repasando la lista de mis alter egos.

El primero (un poco a ojo, pues no sabría poner un orden cronológico fiable) fue M.A. Barrakus. El mayor obstáculo que veía de pequeño para llegar a ser él es que él era negro y yo no. A día de hoy y tras ver a famosos y chuliboys renegridos de tanto solarium creo que la mayor barrera no era esa sino ponerme tan mazas como él. Para eso y como aconsejaba siempre el ex-convicto del Vietnam bebía mucha leche (costumbre que aún perdura a día de hoy) pero algo debí hacer mal porque mis biceps nunca llegaron a ser el acero para buques prometido. El mayor parecido que alcancé con él fue en el culo de negra que ambos compartimos y del que estoy tan orgulloso, trabajado a base de donuts y gusanitos.

Con la llegada de las series japonesas descubrí a Benji Price, de Campeones. El portero imbatible, como le llamaban. Pese a no ser el favorito de la mayoría de gente de esta mi generación, que diría Juan Cuesta, a mí me sedujo la forma de ser del guardameta, más chulo que un ocho y humillando a todo aquel que osase retarle. Fruto de esta admiración tomé una de las decisiones más duras y polémicas de mi vida, mucho más que escoger carrera cinco minutos antes del final del plazo: convertirme en el portero del equipo del colegio. Y lo que es el destino, resulté ser un auténtico coladero. Eso sí, en carnavales mi desifraz del paralotodo causó sensación entre la chavalada y todos me pedían que jugase al fútbol con ellos. Por suerte, alguien decidió sacarme de la portería y convertirme en el chico para todo del equipo. Pero esa ya es otra historia.

Más tarde apareció en mi vida Danny Succo, el personaje de Travolta en Grease. Desprendía un magnetismo que me cautivó, pero por desgracia las chupas de cuero habían pasado -y mucho- de moda y ya nadie las llevaba. Bueno, nadie... algunos dicen que "no siguen las modas actuales que nos impone la cultura del consumo y que coartan la libertad del individuo" y visten como Los Ramones, en el mejor de los casos. Así que o bien me unía a la resistencia, gastaba mi humilde paga en gomina y hacía un hueco en mis bolsillos llenos de kleenex para el peine o me dejaba llevar por la corriente facilona de seguir siendo -o más bien aparentando ser- una persona normal, uno más. Eso fue lo que hice, y aunque alguna vez me he arrepentido creo que por una vez tomé la decisión acertada.

Nuestro país se divide en tres grandes grupos: la España madridista, la España barçista y ‘los otros’. En este tercer grupo van los aficionados del resto de los equipos, los que no se comen nada, por decirlo de alguna manera. La mayoría de los integrantes de éste suelen tener una válvula de escape en que, dicen, “después del (nombre del equipo que no se come nada) soy del Madrid/Barça”. Así, aunque les haga menos ilusión, pueden celebrar títulos a menudo. Los pocos masoquistas que no compartimos esa bipolaridad no podemos, pero el año 95 fue diferente para mí. Especial. Único. El Glorioso ganó el doblete jugando como nunca gracias, entre otros, a Milinko Pantic, un organizador serbio de exquisito toque de balón y maestría en el balón parado. A partir de ahí, en los mundialitos del recreo siempre suplantaba su identidad, pero mi técnica -patapalo heredada de mi padre- no angañaba a nadie.

El siguiente de la lista, que a aquellos que me conocen ya debía estarles tardando en aparecer en este artículo, es Apollo Creed, el malo/entrenador/fiambre -por ese orden- de la saga de Rocky. Un tipo con gran sentido del humor y talento para el espectáculo. Algo sin secretos para mí. Sin duda es con el que alcancé mayor parecido pese a la nueva barrera racial que nos separaba. Dios, siempre quise ser negro. ¿Y en qué te pareces a él?, os estaréis preguntando mientras os sacáis un moco de la nariz con el dedo meñique de vuestra mano izquierda. En el juego de piés. Grácil cual gacela y rápido cual guepardo. Mejor aún que el de Mohammed Ali. He de reconocer que es algo cuasi-innato, porque nunca lo llegué a practicar y lo domino a la perfección. Lo que más me costó fue la mirada de tigre, que intenté depurar jugando a serios -ese juego en el que uno mira fijamente a otro y pierde el primero que se ría- pero casi siempre perdía por KO.

Llegamos al último. Seguramente me habré dejado a bastantes por el camino, pero mi memoria ha querido borrar muchos recuerdos bochornosos que podrían afectar negativamente a mi fama futura. Ya bastante crecidito -no voy a decir la edad exacta porque me da vergüenza- recuperé a uno de mis ídolos infantiles, Magnum, el investigador privado interpretado por Tom Selleck en los años 80. Incluso un par de veces llegué a dejarme bigote -acompañado de perilla, que hoy en día el mostacho solo en menores de 40 es de gay macarra- pero sin grandes resultados. Así que opté por lo fácil, por lo que las nuevas tecnologías nos ponen al alcance de todos sin tener que vivir en Hawai ni medir 1'90: utilizar Magnum como nombre de usuario en diversos foros, programas e incluso como dirección de correo electrónico. También en mi equipo de fútbol impuse que me llamaran así, con escaso seguimiento.

Pues bien, mientras leía la edición web de un periódico, me di cuenta de quién quería realmente ser de mayor. No me hacía falta ser negro, tener grandes reflejos, estar cuadrao, desafiar a la moda, entrenar 24 horas al día o dejarme bigote. Ni siquiera tener gran presencia física -que la tengo-. Podía ser esa persona sin llamar la atención de nadie, sin jugarme la vida. Un auténtico chollo que, sin embargo, dudo mucho que vaya a conseguir, aunque esta vez no cejaré en el intento. Esa persona, ese ídolo entre mis ídolos cuyas manos deberían conservarse en formol una vez muerto es... (sigan las flechas)

Por Magnum, 15/04/2008. Dedicado al Willy, 2º mayor fan de Gisele, que hoy está de cumpleaños





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- Alvaro:
Prea!!!!! Suerte con la pagina que promete jeje


- Dany Andion:
Me has hecho perder 5min leyendo esto y no ay muchas cosas q lo hagan XD un +1 para el ultimo bye


- cutx:
jajajajaj xu esta muy guay la pagina,sobre todo la megadiosa giselexD venga un besiñonosvemos el finde te debo 5,50:D


 

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